LOs alfileres

Mi madre y mi hermana pueden confirmaros que soy una persona no muy ordenada. Por ejemplo, una de mis manías más peligrosas es prender las alfileres que uso cuando coso de cualquier sitio. Me gusta especialmente picharlas en la cama o en los cojines del sofá.
Claro está que esto es muy peligroso, por que luego se me olvida que están ahí y me acabo pinchando cuando menos me lo espero. ¡Qué traicioneras son!
Y aunque el pinchazo es mínimo, la rabia que te da haberte dejado el alfiler por ahí es grande: anda que si llegas a haber hecho daño a alguien por dejar tus alfileres libres por ahí...
Cierto que una se acostumbra al dolor y que cuanto más tiempo pasa menos se da cuenta una de que se ha pinchado. Pero en la mayoría de los casos, un pinchazo tonto te recuerda aquella vez en que te clavaste la alfiler bien profundo, tanto que se te quedó metida en el dedo un rato, y aún después de haberla sacado, te siguió doliendo una temporada.
Hoy, después de pincharme un par de veces con alfileres que había dejado en la cama, se me ocurrió que estas pequeñas “cabronas” se parecen mucho a los recuerdos: las almacenas, te olvidas de ellas y cuando menos te lo esperas ¡zas! vuelven. Y se parecen mucho más aún a los recuerdos no agradables, esos que llegan, pichan un poco y se van, y aunque en el momento no te duele nada más que un poquito, no te dé nada más que un pinchazo (un pang de esos que dicen los ingleses) siempre vuelve a la memoria ese momento en que creíste que el dolor te ahogaba. Esos momentos en los que sentías que te hundías y los días no eran más que una sucesión de momentos.
Pero lo cierto es que el tiempo lo cura todo, o por lo menos hace que ciertas cosas no duelan tanto.
Siempre me gustaron las metáforas de andar por casa.
:)
Jukebox: New York Dolls – Plenty of Music


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